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Nuestros Proyectos de Vida

El tiempo no es lineal, eso está claro, por eso la historia parece repetirse una y otra vez como en una interminable espiral, como en un permanente dejavú: la misma explotación, la misma pobreza, las mismas mentiras oficiales tratando de explicar esta realidad que no cambia a pesar de las promesas sexenales, tratando de explicar o de ocultar por qué nuestro país está en subasta, un país devaluado, sumido en la miseria, hundido en el dolor, bañado en sangre, un país lleno de muertos y de muerte, lleno de corrupción, de miedo, un país en el que hoy se persigue la pobreza, cárcel para el pobre, muerte para el pobre, la muerte vestida de militar, de policía, la muerte vestida de sicario, la muerte lenta de la droga invadiendo las venas y el cerebro, nada queda ya, nada nos van dejando, no hay nada en que creer sino en nosotros, nada nos queda ya sino la lucha, luchar para vivir, luchar para sobrevivir, así de simple, es la única opción ante este sistema que nos condena a morir de muchas formas.

En ese sentido, pese a las costosas campañas en radio y televisión, pese a las constantes mentiras oficiales, es cada vez mayor la percepción de que la política formal, esa que han impuesto durante tantos años como sinónimo de democracia, no sirve sino para seguir enriqueciendo a unos cuantos a costa de la riqueza generada por millones, el reducido número de quienes acuden a votar son muestra clara. Cada vez es mayor la repulsa hacia los gobiernos impuestos bajo esta farsa que llaman elecciones, cada vez más las protestas y las resistencias hacia proyectos que nacen de la corrupción y que continúan con la depredación de los recursos naturales, que rompen el tejido social, que destruyen pueblos, que dividen o confrontan comunidades, cada vez se acrecienta la necesidad de enfrentar todo eso organizadamente, de ir generando espacios que posibiliten que nuestra voz sea escuchada y nuestra voluntad respetada.

Aunque no solo crecen la necesidad y la indignación, poco a poco se multiplican los movimientos que rebasan las acciones inmediatistas y meramente contestatarias para iniciar la construcción de nuevas relaciones sociales o rescatando lo mejor de su historia como una nueva forma de enfrentar al sistema, y muchas y muchos apuestan por propuestas y actividades de largo plazo, se tejen poco a poco nuevas redes de colaboración y participación colectiva, poco a poco también se consolidan proyectos autonómicos, espacios de poder popular, espacios que rompen con viejos esquemas pero que, esencialmente, se van constituyendo en alternativa ante la corrupción de la política formal, que asimismo se convierten en propuesta y alternativa contra un sistema que nos condena irremediablemente a la destrucción del planeta, estos movimientos, por tanto se convierten en movimientos en defensa de la vida.

Es por eso que en los últimos años nuestra organización ha insistido en fortalecer una serie de proyectos que apuntalan nuestra lucha por la autonomía, quizá porque hemos entendido que la revolución empezó hace tiempo, que de acuerdo a las condiciones existentes nos corresponde, aunque con otras formas, otras armas, otras estrategias, la tarea de continuar con una lucha que se inició hace siglos con Don José María Morelos, con Miguel Hidalgo, Mariano Matamoros, Vicente Guerrero, que continuó con los generales Emiliano Zapata y Francisco Villa, con los hermanos Flores Magón, somos continuadores de las luchas obreras, campesinas y estudiantiles que han iluminado en distintos momentos la larga noche de la explotación, hoy la nuestra es una lucha que, ligada a muchas más que se desarrollan a lo largo y ancho de nuestro continente, se configura como una alternativa ante las políticas de muerte impuestas desde el poder. De hecho un buen amigo y compañero, Raúl Zibecchi plantea que movimientos o esfuerzos como el nuestro no son ya meramente alternativas o propuestas ante la voracidad del sistema, ni tampoco formas pre figurativas de una nueva sociedad o un mundo nuevo, él afirma que movimientos como el nuestro son ya el otro mundo posible, tal vez valdría la pena entonces concientizarnos de que estamos inmersos en una guerra en la que va de por medio el futuro, ya no solamente un futuro promisorio, sino lisa y llanamente el futuro, que es lo mismo que decir, que defendemos nuestro derecho, el de nuestros hijos y nietos, el de todos los seres vivos a tener un mañana.

Es necesario reconocer, entonces, que esta guerra tiene muchos frentes de batalla: el individualismo, la apatía, la ignorancia, la alienación conseguida por los medios de comunicación, sin olvidar al Estado y sus secuaces, la atomización del mismo movimiento, pero justo es reconocer también que nosotros iniciamos generando un tejido comunitario a partir de la resolución de problemas inmediatos de manera colectiva, que avanzamos en la construcción de nuestras propias normas de convivencia, generando nuestras propias instancias de participación colectiva para la toma de decisiones como las asambleas, las plenarias de comisiones, las comisiones mismas, el consejo general de representantes, todas y cada una con tareas y responsabilidades emanadas de la voluntad y la reflexión colectiva para la solución a los problemas que enfrentamos, sabemos que aún eso no basta, que debemos trabajar mucho todavía para hacer realidad la consigna de hace algunos años: un compañero para cada tarea y una tarea para cada compañero.

Todo eso lo hacemos con nuestros propios recursos, con nuestra creatividad, todo eso es desarrollado por compañeras y compañeros que nos demuestran que no hacen falta títulos o reconocimientos, que se trata más bien de reconocer que todos y todas podemos aprender y compartir saberes, porque esos compañeros y compañeras que conforman las comisiones son guerreros y guerreras que confrontan al sistema día con día venciendo sus miedos, sus limitaciones, reales o imaginarias, pensando en el beneficio colectivo, confrontan al sistema y lo vencen cada día en la medida que van dejando de pensar en el yo para pensar en el nosotros. Porque esto es una guerra, lo insistimos, y diariamente libramos infinidad de batallas y ellas y ellos nos dicen diariamente que podemos ganarlas si queremos.

Justo por eso es que de forma paulatina, se van consolidando en todas nuestras comunidades proyectos que apuestan a la conformación, a la creación de una cultura que confronte a la impuesta desde la perversidad oficial, en esos proyectos vamos generando una cultura de solidaridad, de seguridad, de trabajo, creando vínculos comunitarios a partir de intereses colectivos, demostrando poco a poco que es posible derrotar las taras heredadas por el sistema todo, asimismo desarrollamos proyectos de  educación, de salud y de justicia que reconocen, en los hechos, esas necesidades como un derecho de todos y no en la mercancía en que las han convertido, sin embargo también desarrollamos proyectos que contemplan su funcionamiento en base al uso de energía solar, plantas   de tratamiento de aguas residuales, plantas potabilizadoras, alumbrado público, pozos de absorción que hablan también de nuestro respeto a la naturaleza, al medio ambiente, pero que a su vez se convierten en otro frente de lucha contra la miseria que quieren imponernos.

Nos faltan muchas cosas, lo sabemos, aunque poco a poco vamos resolviendo los problemas que se van presentando, pero lo mejor y más importante es que tenemos la voluntad de construir un mundo diferente desde ahora, en todos los casos, lo que intentamos es crear comunidades y que estos proyectos sean apropiados por estas comunidades, que verdaderamente se conviertan en proyectos de vida en lo individual y en lo colectivo, que nuestros espacios pasen de ser espacios de resistencia a uno de esos mundos posibles que dicen los teóricos.