Proyecto de Justicia

 

¿Cómo es la justicia burguesa?

 

La justicia burguesa, que es la que todos conocemos hasta ahora, tiene una clara intención: proteger los intereses de la clase dominante, de la burguesía, del capital. Busca proteger antes que todo la propiedad privada de los poderosos, garantizar la explotación de los seres humanos y de la naturaleza, perfeccionar los mecanismos de despojo y tener los cuerpos necesarios para reprimir a los movimientos sociales y a todos aquellos que nos ponemos por objetivo luchar contra este sistema de explotación.

 

En ese sentido, desde el poder se constituye un tipo de justicia que tiene por mecanismos para imponerse a la muerte, al castigo, a la represión, al encarcelamiento, intentando generar miedo y desorganización entre los dominados. Se crea todo un cuerpo de constituciones, leyes, reglamentos, códigos, jueces, ministerios públicos, policías y ejércitos que de manera externa y mediante la fuerza buscan imponerse sobre las comunidades. Lo que para la burguesía es justicia, para nosotros significa injusticia social y represión.

 

La justicia burguesa es una justicia hecha a la medida para los ricos, que a ellos no les afecta, no les castiga. Se traduce en la ley del poderoso, que para nosotros es extraña, ajena. Nadie nos pregunta si estamos de acuerdo con las leyes, no se nos involucra en el proceso de decisión ni si esas leyes nos beneficiarán. Se reviste de un discurso de objetividad, de imparcialidad. “La justicia es ciega”, nos dicen, el “debido proceso” se debe cumplir, “se aplicará todo el peso de la ley a quién cometa una injusticia” dicen en los discursos oficiales. Nada de eso es cierto y lo sabemos porque todos hemos vivido en carne propia lo injusto de su justicia. Sabemos que su justicia es corrupta, prepotente, parcial y abusiva.

 

Como todo en el capitalismo, la justicia también es convertida en una mercancía. Se compra y se vende en los juzgados y en los tribunales. Los legisladores y jueces se enriquecen y se convierten en empresarios, su mercancía es la justicia, con ella especulan, con ella lucran, si puedes comprarla, la obtendrás, si no, quedará sólo el desprecio. Las cárceles están llenas de pobres, de todos los que no pudieron pagar la justicia. La justicia burguesa parte de un principio individualista que busca fracturar las lógicas comunitarias, no le interesa reintegrar a la gente a la comunidad. Las cárceles también se convierten en un negocio sumamente lucrativo, y a quienes encarcelaron sólo les quedará el estigma y la exclusión social del castigado.

 

La idea de la justicia en el capitalismo no sólo se impone mediante la fuerza, sino también desde la ideología y la cultura. Todos crecimos con la idea de que la justicia burguesa es la única justicia posible, que no hay otra forma de ejercerla. La interiorizamos y la reproducimos incluso sin darnos cuenta. En nuestras familias, con nuestros amigos, con nuestros compañeros e incluso en nuestras comunidades ejercemos las prácticas que son propias de la justicia burguesa. El reto es destruir esa máquina de control que se encuentra no sólo allá afuera, en el Estado y en las empresas, sino que también muchas veces se encuentra entre nosotros y entre nuestras comunidades. Romper con esa lógica y con esa forma de entender la justicia es imprescindible para construir la justicia que queremos.

 

¿Cómo es la justicia que se imparte en las comunidades?

 

Hemos compartido la experiencia que como pueblos, ejidos, barrios y comunidades tenemos sobre la justicia. Nos hemos dado cuenta que, en la medida en que seamos más débiles como organización, lo que vemos más común es la injusticia y que, en la medida en que seamos más fuertes, una justicia propia se hace más evidente.

 

Las diversidad que nos compone como organizaciones deja ver que, por ejemplo, en las comunidades más consolidadas, el ejercicio de pensar y de ejercer una justicia propia está más avanzada y que, en comunidades y ejidos en donde se comparte el territorio con otros compañeros que no son de lucha, la dependencia al estado y a la policía es mayor, aunque siempre hay posibilidad de decidir, dependiendo de la gravedad de los casos, de si se acude a la justicia ordinaria y burguesa o si se resuelve el problema con la ley interna del ejido o con los propios usos y costumbres de la comunidad. Por otro lado, ahí donde se ha venido perdiendo el tejido social, sobre todo en algunos barrios urbanos en Chiapas, la dependencia del estado y de la policía es total. No hay seguridad, no hay organización que logre sostener un proceso de justicia comunitaria.

 

Hemos intentado llevar nuestra reflexión sobre la justicia más allá de la reflexión sobre la ley y las normas, considerando que, como organizaciones en lucha, el fenómeno de la justicia para nosotros y nosotras es más amplio. Hemos dicho que necesitamos pensar y concebir otra justicia, porque luego tenemos en mente que todo perjuicio va a parar al ministerio público y que todo error conlleva un castigo. Para empezar, nuestra justicia está pensada como colectiva, una justicia que vele por los intereses que tenemos como colectivos.

 

Para nosotros y nosotras, la justicia tiene que ver, por ejemplo, con la defensa del territorio en contra del saqueo y del despojo que hacen las empresas y el estado y en contra de todas las iniciativas de privatización. Al mismo tiempo, la defensa del territorio, está relacionada directamente con la defensa de nuestra propia cultura, de nuestra salud, de nuestra educación, de nuestra seguridad y por supuesto, de nuestra vida. Somos testigos de cómo en los lugares donde hemos sido capaces de establecer mecanismos de seguridad y de justicia, la forma de vida comunitaria es mucho más tranquila y feliz que en otros espacios. En la comunidad nos conocemos, sabemos cuáles son nuestros problemas y somos capaces de resolverlos por nosotros mismos. Reconocemos que debemos empezar siempre por nosotros y nosotras mismas, llevar una conducta justa en el trato que damos en nuestra familia, en nuestra comunidad, pero también fuera de ella, si queremos ser congruentes.

 

Algunos de los principios que acordamos como fundamentales de nuestra justicia son:

 

La igualdad. Vernos como iguales, no dar tratos preferenciales ni privilegios a nadie. “Agarrar parejo”

El respeto. Reconocer nuestras diferencias y respetarlas. Que las diferencias de color, de formación académica, de formas de vestir, de preferencias sexuales y otras no son diferencias de dignidad, todos y todas tenemos la misma dignidad y debemos respetarnos como compañeros y compañeras.

 

Autonomía. La capacidad que tenemos de darnos una justicia propia nos permite no ser dependientes ni del estado ni de la policía ni de agentes externos, sino, más bien, regularnos por nosotros y nosotras mismas. Este trabajo de pensar por cuenta propia la justicia nos hace más fuertes como comunidades y nos vuelve más autónomos.

 

El ejemplo. Si queremos ser tratados de manera justa, debemos ser justos. Si queremos que se respeten nuestras propias normas, debemos también respetarlas. El ejemplo que damos en nuestra familia y en nuestra organización sirve para reproducir las conductas justas y para generar la confianza en nuestras propias maneras de hacer justicia.

 

Es colectiva. Nuestra justicia no parte del individualismo. Reconociéndonos como comunidad, nos damos cuenta de que el ejercicio de la justicia implica pensar y deliberar juntas y juntos cómo concebimos la justicia y generar los mecanismos para aplicarla. Todo ello tiene que ser resultado de un proceso colectivo que sirva para defender los intereses de la propia comunidad y no los de un grupo o de individuos en particular. Nuestra justicia necesita que exista compañerismo y vernos como compañeros y compañeras de lucha.

 

Trabajo de mediación y de conciliación. La justicia no puede ser sólo sanción. El trabajo que hacemos debe considerar hacer justicia desde el diálogo y desde la reflexión, no desde el castigo. “En lugar de expulsar, ayudar” “Corregir y no dividir” para evitar que los compañeros y compañeras de lucha simplemente queden expulsados de la organización y evitar, también el riesgo de fracturarnos y de dividirnos.

 

Dentro de nuestra propia organización, nuestras relaciones deben ser justas: respetar los acuerdos que se den en la asamblea es justo; ser disciplinados en la organización y reconocer cuando cometemos errores, es justo; verse como iguales entre la base y los dirigentes, es justo. También pensamos que para que haya relaciones justas en nuestra organización, debemos hacer trabajo de prevención con niños y jóvenes, establecer escuelas de oficios y facilitar que todos y todas compartamos información sobre la lucha.

 

Además, como forma de autocrítica y de reconocimiento de nuestros límites en el ejercicio de la justicia, reconocemos que los obstáculos con los cuales tenemos que luchar son:

 

La falta de confianza en nuestras formas de justicia y en los encargados de aplicarla.

La falta de un mejor proceso para elegir a quienes estarán a cargo de la aplicación de la justicia, de tal manera que la comunidad les reconozca como personas honestas, responsables, que sepan escuchar, que hayan trabajado por la comunidad y que sean ejemplares.

La cultura machista e individualista que abunda en nuestras comunidades.

El miedo que tenemos de experimentar otras formas de justicia y para trabajar con los diferentes criterios que en los pueblos hay sobre qué es justo y qué no.

Reconocer que la vigilancia y la seguridad somos todos y todas, que la responsabilidad no descansa totalmente en quienes hayan sido elegidos sino que es una tarea de la comunidad completa.

Se debe reforzar la necesidad de pensar y de hacer una justicia propia con talleres  y con trabajo desde las comisiones de cultura.

 

Por último, esta discusión nos ha permitido reconocer la importancia que tiene hacer justicia entre todos y todas, porque nos damos cuenta que en nuestras manos está la posibilidad de convertir el mundo que vivimos en un mundo diferente, un mundo solidario, una justicia integradora, que nos ayude a corregir y a restaurar el tejido social. Nuestra justicia debe pasar desde cómo producimos, cómo nos organizamos y cómo vivimos con nuestras familias y comunidades. La justicia es compartir nuestra igualdad, nuestra experiencia. Los mecanismos pueden ser distintos, en algunos lugares tenemos reglamentos, en otros les llamamos “usos y costumbres”, se forman “comisiones de vigilancia” en otras “rondas” o “guardias”, pero lo importante es que sea un proceso nuestro, no impuesto desde del estado. Asumimos también la necesidad de buscar la unidad con otras organizaciones porque una verdadera justicia necesita pasar por la dimensión no sólo de las relaciones entre personas sino por una justicia social y una justicia económica y, en este sentido, necesitamos seguir luchando en contra del estado y del capitalismo para conseguir ese mundo que queremos y que vamos, paso a paso, y reconociendo los avances que hemos hecho, construyendo ya en nuestras propias comunidades.

 

¿Cómo es la justicia que queremos?

 

Características:

Autónoma, equitativa, honrada, con rectitud, sin imposiciones externas, ejemplar, humilde, respetuosa, flexible, sin convencionalismos, ecuánime, con igualdad, constructiva y veraz, con claridad, comprensible y comprometida, sin discriminación, consiente, compasiva, consecuente y extensiva a todos los casos y niveles, madura, incorruptible, reparadora, digna, comunicativa, que no solape malas conductas, solidaria, reflexiva, que escuche, basada en nuestros principios y valores, y que no se venda.

 

Proceso colectivo:

Construirla y promoverla desde la familia, como un elemento más de nuestra cultura

Es responsabilidad de todos garantizar el buen funcionamiento y aplicación

Antes de reconocer el yo debe reconocer el nosotros. Reivindicar la propiedad colectiva antes que la individual.

Que nos transforme individualmente de manera consiente, para que cambiemos de manera colectiva

 

Mecanismos:

Generar mecanismos de difusión y comunicación para que todos estemos enterados

Que se construya en las comunidades a través de las asambleas generales

Que reconozca los errores y que rectifique

Que analice cada caso

Que no castigue, que repare los daños

Que no sea déspota y que quienes la ejerzan no abusen del poder

Que no pida nada a cambio y no exista intereses personales

Solidaria, que no se base en infundir miedo

 

Consideramos que para poder tener una justicia verdadera es necesario defender nuestro derecho a vivir con dignidad, es decir: tierra, educación, salud, trabajo, y alimentación para todos.

 

¿Qué hacemos para desarrollar la justicia que queremos?”

 

Arrojan luz del cómo haremos nuestros procesos de justicia y que acciones podemos tomar para empezar su construcción.

 

En la sesión del 11 de octubre se hicieron propuestas de acciones necesarias para la construcción y consolidación de nuestro proyecto de justicia: Talleres sobre justicia, presentaciones del tema, capacitación en la justicia, análisis de la corrupción de la justicia burguesa, denuncia de las injusticias, reuniones para tomar acuerdos del tema. El resultado de la discusión de este primer encuentro debe ser analizado y discutido por todos los espacios de la organización, el objetivo de esto es fortalecer, ampliar y construir los espacios e instancias de justicia de la OPFVII.

 

La posición que se reflejó en este encuentro fue clara, la justicia de los opresores y del gobierno está hecha para reprimir y dar continuidad al sistema de explotación. Por lo que nuestra justicia como compañeros de abajo es contra el explotador, debe estar orientada a defendernos, avanzar en los principios de solidaridad, de creación colectiva, nuestra justicia se imparte con fraternidad e igualdad entre compañeras y compañeros. Una  justicia que apunte a la libertad y no dar continuidad al sistema capitalista, por lo que es relevante pasar a la ofensiva, desterrando los vicios que el sistema político e ideológico actual ha insertado en la sociedad, acentuando la congruencia que guía los  pasos de las bases y la dirección.

 

Se asentaron líneas mínimas para nuestro actuar, no podemos delegar al poder la impartición de justicia, lo que significa dejar de confiar en sus instituciones contraponiéndole  nuestros espacios de justicia, autónomos con la finalidad de erradicar las dependencias del gobierno. Una de las características de la justicia burguesa es la violencia y su mercantilización, frente a esto proponemos hacer una justicia sin estos elementos, rescatando los valores y principios de nuestras comunidades luchando por la vida.

 

La justicia en México es para los dueños del dinero, por lo que su neutralidad es falsa, buscamos a lo interno hacer defensa de la justicia y no de las partes, resarciendo el error y el daño en vez de juzgar y castigar. Esto solo se puede hacer en el diálogo y la construcción desde la comunidad, con los afectados, los testigos y aquellos que han incurrido en el error. Por lo que la justicia debe basarse en un análisis de la realidad continuo.

 

Se señaló en la discusión la necesidad de fortalecer nuestras comunidades, haciendo conciencia en todos nuestros espacios, desde el hogar, el trabajo, la escuela, así como en las instancias de la organización. Lo emanado de este encuentro apunta a la socialización de las discusiones que deben ser retomadas por los integrantes y es responsabilidad de los participantes impulsar estos ejercicios.

 

Los criterios, principios, lineamientos y reglamentos al ser respetados, acordados y discutidos por todos, serán fortalecidos. Nace un compromiso para educar y formarnos en la justicia, transformándonos en compañeras y compañeros que asuman la justicia como un mandato del pueblo y nos desempeñemos como ejemplo para los que decidan estar con nosotros en la búsqueda de otro mundo, por lo que se plantea el trabajo con comunidades no organizadas.

 

En la lucha nos entendemos como iguales, nos une una historia contra el explotador, para lograr la justicia que queremos debemos también respetar las diferencias que existen aun dentro de esta igualdad, así podemos reconocer que está en nuestras manos crear las nuevas instancias y formas de justicia, sin ceder más éste territorio ideológico a los poderosos.

 

Octubre de 2014. Municipio de Cristóbal Colón, Chiapas.

 

 

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2016