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Juntarnos para seguir naciendo: el poder de los pueblos organizados en lucha.

El poderoso acto de la convivencia intercomunitaria en la lucha rebelde.

Este pasado fin de semana, durante el XI Congreso Ordinario de la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente, vivimos algo que no solo fue significativo para quienes asistimos: fue un acto profundamente político y rebelde.

Bajo el lema “Porque tenemos la peligrosa costumbre de seguir naciendo”, nos reunimos todas las comunidades que formamos parte de esta organización para pensar juntas el camino que seguiremos durante los próximos dos años. Pero más allá de los temas discutidos, hay algo que no debemos dejar pasar: la importancia de que todos los pueblos podamos reunirnos en un solo lugar.

En tiempos como estos, donde el sistema capitalista promueve la división, el aislamiento, el individualismo y la competencia entre nosotros, juntarnos es un acto de resistencia. El capitalismo quiere que pensemos que estamos solos, que cada quien tiene que resolver sus problemas por su cuenta, que no hay salida más allá del esfuerzo individual. Pero cuando nos encontramos como pueblos organizados, desmentimos esa lógica.

Nos reunimos para vernos, escucharnos y reconocernos. Para recordarnos que la lucha no es solo de una colonia, un pueblo o una comunidad, sino una lucha colectiva contra un sistema que quiere que dejemos de soñar y de luchar.
Reunirnos nos permite:

– Compartir saberes y estrategias de resistencia.
– Tejer solidaridad real y concreta entre nuestras comunidades.
– Acordar de manera colectiva los pasos a seguir.
– Y sobre todo, reafirmar que hay otro modo de hacer las cosas: desde abajo, entre iguales, sin jefes ni patrones.

Cada encuentro entre comunidades organizadas es una cachetada al sistema que nos quiere divididos. Es una forma de decir: aquí estamos, vivos, pensantes, rebeldes, caminando por otro rumbo.

Por eso, el XI Congreso no solo fue un evento interno de nuestra organización. Fue también una muestra del poder que nace cuando los pueblos se organizan y se juntan para construir, desde lo común, una vida digna.
En cada abrazo, en cada palabra, en cada acuerdo colectivo, reafirmamos lo que somos: un pueblo que no se rinde y que, contra todo pronóstico, seguimos naciendo.

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